Epístolas Surianas / (Carta a Don Héctor) / De Julio Ayala Carlos

EL GOBIERNO DEL ESTADO a través de la Secretaría de Seguridad Pública, y en coordinación con elementos del Ejército Mexicano y de la Policía Federal, tomó el control de la seguridad pública del municipio de Chilpancingo. Lo anterior, a fin de facilitar las diligencias ministeriales que realiza la Fiscalía General del Estado por la comisión de diversos hechos que la ley señala como delitos en los que presumiblemente se encuentran involucrados algunos elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal.

En consecuencia, la seguridad pública del municipio de Chilpancingo queda a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado apoyada por elementos de la Policía Estatal y la Policía Federal, luego de que de acuerdo con el Fiscal Xavier Olea Peláez, “se desprende la probable participación de elementos en activo de la policía preventiva municipal de Chilpancingo, en la desaparición de las (dos) personas originalmente detenidas en las instalaciones de la feria”.

Sin duda que es grave lo que ocurre con la policía municipal de Chilpancingo, como seguramente también ocurre con policías municipales de otros ayuntamientos, en razón de quienes están obligados a dar seguridad y protección ala población, son los que están coludidos con los delincuentes o forman parte de ellos. No es posible que los policías trabajen con los delincuentes, como ocurría en Zihuatanejo, el año pasado, o en Iguala, como ocurría en el Gobierno de Ángel Aguirre.

En este sentido, hay que reconocer la inmediatez con la que el gobierno del estado actuó en este caso, como por cierto, lo hizo también en Zihuatanejo el año pasado, cuando ante indicios de que la policía municipal estaba coludida con la delincuencia organizada, tomó el control de la seguridad pública y retuvo a diversos elementos, por su presunta vinculación con grupos delincuenciales.

Hay que decirlo. La diferencia del actual gobierno, que encabeza Héctor Astudillo Flores, con otros del pasado, como el que encabezó Ángel Aguirre Rivero, es que el de ahora sí actúa, y rápido, ante situaciones de emergencia y que requieren inmediatez, ya para salvar vidas, como ha ocurrido ante los desastres naturales, o para la prevención de delitos y actuación de la delincuencia.

Por supuesto que son lamentables las muertes ocurridas, y que de acuerdo a las autoridades correspondientes apuntan hacia la policía preventiva. Por desgracia ya nada se puede hacer, pero sí prevenir otros hechos de violencia. La instrucción a la Policía Estatal, para tomar la seguridad pública municipal, por parte del mandatario estatal, así lo señala.

No por nada participaron en el operativo 150 elementos y 20 patrullas de la Policía Estatal; 60 integrantes del Ejército Mexicano y 10 vehículos oficiales, así como 120 elementos y 18 patrullas de la Policía Federal, realizando además una revista de verificación del personal y armamento que se encuentra amparado por la Licencia Oficial Colectiva No.110, así como de las patrullas y demás equipo de cargo, de forma paralela a las diligencias que practica la Fiscalía General del Estado.

POR ÚLTIMO. O ANGEL AGUIRRE es un “cínico empedernido” o “sinvergüenza consumado”. Y mire usted: Ahora resulta que papa-layo, como le llaman sus hijastros, está muy interesado no solo en reunirse con los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala durante el gobierno de José Abarca, y cuando él era precisamente gobernador del estado, sino que ahora hasta señala posibles líneas de investigación.

Lo contradictorio es que cuando era gobernador, Ángel Aguirre hizo muy poco, o casi nada, no solo por investigar los lamentables hechos de aquel 26 y 27 de septiembre de 2014, sino que su gobierno prácticamente se convirtió en cómplice de esos lamentables hechos, razón por la cual tuvo que pedir licencia al cargo, dado los señalamientos de los padres de los normalistas con quien hoy quiere reunirse, tres años después.

Hay que decirlo. Tras dejar la gubernatura, Ángel Aguirre nunca manifestó su interés de reunirse con los padres de los 43 desaparecidos ni mucho menos sugirió una línea de investigación para dar con su paradero, sino hasta ahora que quiere ser diputado federal, y más aún, reparte culpas de esa tragedia y acusa, cuando como gobernador nunca hizo nada.

Cierto. Dudo que Aguirre haya mandado a desaparecer a los 43 normalistas, pero como gobernador, es indudable que sabía lo que ocurría aquella noche del 26 y 27 de septiembre en Iguala, y supo también, no tengo la menor duda, de que lo ocurrido allí fue por la negligencia del gobierno que en su momento que encabezó.

Y sin embargo, hoy con cinismo y desvergüenza, en lo que puede calificarse como una burla para los padres de los 43 desaparecidos, así como a los normalistas asesinados, además de otras personas, entre ellas un niño, que junto con otros regresaba de Iguala a Chilpancingo tras un encuentro de futbol, Ángel Aguirre, quien “bebía y bebía”, mientras “llovía y llovía” en el estado aquel 13 de septiembre de 2013, hace como que no sabe nada de lo ocurrido en Iguala, y quiere reunirse con los deudos y exige se esclarezcan los hechos. ¡Jijo!

¿Y por qué no lo hizo cuando era gobernador?

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