Sueña con ser militar, niña desplazada por la violencia en Guerrero

*** Mientras Dios nos de vida, vamos seguirle “pa’delante”; dice Don Juan

Edgar de Jesús/API

Atoyac de Álvarez, Gro. 13 de Abril del 2018.- Pese a la violencia que han atestiguado en la Sierra de Guerrero, las amenazas de que han sido objeto y la huída de sus lugares de origen, los niños desplazados de Laguna de Hueyanalco siguen soñando con “ser alguien en la vida”.

Imelda, de apenas 10 años de edad, quiere ser militar, en la Secretaría de la Defensa Nacional o la Secretaría de Marina, porque cree que desde ahí puede ayudar a brindar seguridad a su pueblo.

Pero está consciente de que su educación ha sido truncada desde hace unos meses en su pueblo, porque la escuela cerró sus puertas por la llegada de grupos armados, y ahora no sabe si tendrá la oportunidad de seguir estudiando en Atoyac, donde hoy está refugiada junto a su familia y otras 80 personas.

Imelda está en el albergue habilitado dentro de la Ciudad de los Servicios que es parte del Ayuntamiento en este municipio de la Costa Grande. Ahí despeja su mente jugando con otras niñas y niños o ayuda en los quehaceres.

Durante su tercer día de estadía aquí, se da el tiempo para platicar con este reportero y se dice más tranquila que el 09 de abril, cuando montaron las pocas pertenencias que cupieron en una camioneta y salieron huyendo para salvaguardar su vida.

No le gustó abandonar su hogar y menos haber dejado sus útiles escolares. A algunos de sus amigos que se quedaron, recuerda, les tuvo que decir adiós, quizá para siempre.

Su escuela llevaba un gran nombre: “Vicente Guerrero”, pero permanecía cerrada por el asedio de supuestos policías comunitarios que un día entero, en febrero pasado, dispararon contra el pueblo. La pequeña, agacha su mirada y entristece cuando recuerda ese momento.

“Teníamos arto miedo, aquí ya se nos quitó un poquito el miedo”; indica durante la charla, mientras los nervios hacen que sus manos no paren de jugar unas ligas que lleva como pulseras.

 

Entre otras cosas recuerda que los maestros nunca faltaban a clases y si lo hacían, era para bajar a la cabecera municipal (San Miguel Totolapan) y llevar libros de texto o material didáctico. “Pero ya cuando empezó a pasar eso pues se salieron, ya no volvieron a ir, mi tía estuvo hablando para que fueran y nunca quisieron ir”, lamentó.

Al tener un micrófono enfrente, la pequeña aprovechó para pedir ayuda a las autoridades educativas y al gobernador, porque dijo: “tengo ganas de seguir en la escuela. Es lo que queremos ahorita para que no se nos olviden las cosas y salgamos adelante”.

Su mayor sueño, agregó, es convertirse en soldado: “siempre yo le decía a mi papá cuando estábamos allá, siempre le decía que quería ser militar o, este, de la marina, es lo que le decía a mi papá, pero allá no teníamos clases y aquí esperemos que nos puedan ayudar”.

La pequeña se retiró apenada después de la plática, cargo a su hermanito y se sentaron detrás de unas plantas, como buscando ocultarse.

Mientras Dios nos de vida, “pa’delante”

Aquí también está don Juan, de 65 años, quien mostró su dolor e impotencia por haber sido obligado a huir de su casa, de su pueblo, y no tener hoy un futuro claro. “Estamos a la buena de Dios”; lamento.

El anciano recuerda que no sólo es su pueblo el que tuvo este problema, sino todos los que formaban parte del ejido de Cieneguilla, que son cuatro.

Sostiene entre sus manos un pequeño trozo de madera. Juega con el, para sacar sus nervios.

En tanto, explica: “el crimen organizado nos estaba amenazando y tuvimos que abandonarlo (el pueblo) por razones de proteger nuestra familia, y el municipio donde nosotros pertenecemos no nos ha brindado apoyo, mejor otro municipio es el que nos brindó el apoyo y llegar hasta acá, a Atoyac”.

Don Juan lamenta que al salir de su hogar perdieron todo: animales entre los que destacan su ganado vacuno; sus casas, muebles y cosechas.

“Estamos ahorita viendo con el presidente y el gobernador, haber si ya entre los dos se ponen de acuerdo para ver si podemos rescatar algo de nuestro patrimonio que dejamos allá, porque nos venimos con lo que traíamos puesto y algunas cositas que pudimos traer”, agregó.

Explicó que eran tres meses que llevaban rodeados por hombres armados, que impedían el ingreso de médicos y maestros, así como la salida de pobladores. Por tanto no tenían medicinas, transporte, comercio y, la escuela estaba cerrada.

Dijo estar agradecido con la gente que los ha ayudado en Atoyac, porque les han dotado de ropa y alimento. “Tenemos que seguir adelante, mientras Dios nos de vida, vamos a tener que seguirle pa’delante”, comentó.

En este momento la incertidumbre corroe a los pobladores de Hueyanalco, porque además saben que en poco tiempo cambiará el gobierno en Atoyac, y no saben si se les seguirá apoyando para entonces. “No sabemos cómo nos vaya a tratar y pues como no somos de este municipio, tendremos nosotros que buscar los pocos medios para sobrevivir”.

Cuando se le preguntó a don Juan cómo se siente al haber perdido parte de su vida, rompió en llanto y no pudo hablar más. (Agencia Periodística de Investigación)

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